Page 393 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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. Pero no era eso, no te preocupes. Además, tú lo has

            hecho muy bien. Estoy orgulloso de ti.


                  A su sobrino se le iluminó el rostro. Habían estado


            haciendo instrucción con los Compañeros casi desde el

            amanecer.  Primero  habían  practicado  maniobras  por


            pelotones, luego por escuadrones de doscientos, y al

            final  de  la  mañana  habían  cabalgado  y  realizado

            variaciones,  conversiones  y  vueltas  en  dos  grandes


            grupos  de  cuatro  y  de  cinco  escuadrones.  Era  la

            primera  vez  que  Gavanes  veía  tantos  soldados  de

            caballería juntos. Todo un espectáculo, pensó Pérdicas,


            pero  también  una  actividad  aparatosa  y  caótica.  Mil

            ochocientos  caballos  ocupaban  tanto  terreno  que  un

            observador poco avezado podría juzgar que eran tres o


            cuatro veces más, y mientras maniobraban no dejaban

            de  sudar,  relinchar,  piafar  y  llenarlo  todo  de


            excrementos.


                  Mandar una unidad de infantería era complicado,

            pues un batallón de hoplitas no consistía en una masa


            cuadrada de mil quinientos escudos y mil quinientas

            sarisas, como podría pensar quien leyera las crónicas

            de  las  batallas.  Detrás  de  cada  escudo  había  un


            soldado,  y  cada  soldado  era  un  individuo  con  sus

            propios  temores  y  esperanzas,  con  sus  ambiciones  y

            manías, con sus grandezas y mezquindades. Y, lo peor,


            con  ideas  propias  sobre  táctica  y  estrategia  que  no



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