Page 396 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Ya, pero cuando embisten con ese blindaje deben
de ser imparables.
Pérdicas chasqueó la lengua, escéptico. Los
catafractos, le explicó a su sobrino, tenían una manera
muy distinta de combatir. En vez de formar una cuña
como los macedonios o un rombo como los tesalios, se
desplegaban todos juntos en línea y cabalgaban de esa
guisa contra el adversario, esperando quebrantar su
moral. Cierto, había que tener mucho temple y mucha
disciplina para no flaquear ante el avance majestuoso
de aquella marea de metal que hacía retemblar el suelo
bajo sus cascos. Pero si se mantenían prietas las filas, ni
siquiera los catafractos podían abrirse paso entre una
barrera de hoplitas.
—¿Es mejor atacar en línea, o en cuña como
nosotros?
—Es distinto. Cuando se embiste en línea hay que
hacerlo al trote, porque si los caballos se arrancan al
galope, los más fogosos y rápidos se adelantan
enseguida. A cambio, los lentos y tímidos se quedan
atrás y sus jinetes, que suelen tener una personalidad
parecida a la de sus caballos, aprovechan para echarse
poco a poco a los lados y dejar que lo más duro del
choque lo aguanten otros. Eso hace que la formación se
disperse.
—Entiendo.
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