Page 395 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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quería era ser el propio Alejandro...


                  —Esos  jinetes  persas  son  espléndidos  —comentó

            Gavanes. Ya limpios, ungidos con aceites aromáticos y


            ataviados  con  ropas  limpias  y  corazas  ligeras  se

            dirigían hacia la tienda de Alejandro. A su izquierda se


            levantaban  los  pabellones  de  los  catafractos.  Por  la

            mañana habían visto a los hombres de Oxibaces justar

            de dos en dos; ése parecía ser el único entrenamiento al


            que se sometían.


                  —¿Preferirías  cabalgar  con  ellos  antes  que  ser  un

            Compañero? —preguntó Pérdicas.


                  —¡Claro que no! Pero Alejandro podría formar una


            unidad de catafractos macedonia. Sería magnífico, ¿no

            crees?


                  —Ha sopesado la idea, pero le ha parecido cara y


            poco eficaz. De momento se conforma con el batallón

            de refuerzo que le ha traído su cuñado.


                  —Es  una  lástima.  ¡Me  encantaría  tener  una

            armadura como la de esos caballeros!


                  —Yo me probé una y te puedo asegurar que resulta


            muy incómoda. Cuando galopas, la cota de malla se

            levanta entera y luego cae de golpe sobre los hombros.


            Si uno no está acostumbrado, acaba lleno de llagas y

            rozaduras. Personalmente, para cabalgar prefiero una

            coraza de lino o un peto de cuero bien ajustados.




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