Page 438 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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nuestros peltastas con algo así, Eumenes?


                  –Supongo  que  podríamos  producir  unos  cuantos

            cientos de unidades en diez o doce días — contestó el


            secretario—. Siempre que no fabriquemos nada más.

            Las herrerías están funcionando a tope.


                  —También  podríamos  reforzar  los  escudos  con


            chapas de metal —sugirió Átalo.


                  —Demasiado  peso.  ¿Quién  lo  mantendría  en  alto

            durante la batalla? Y menos con las sarisas — objetó el

            veterano Antígenes, que había perdido el ojo luchando


            para Filipo en el asedio de Perinto.


                  —Podríamos no usar las sarisas —dijo Peucestas—.

            Eso daría más movilidad a nuestra infantería.



                  Tenía su lógica que él dijera eso. Peucestas llevaba

            años mandando el batallón de los hipaspistas, los dos

            mil soldados de élite de la infantería macedonia. Eran


            ellos quienes se colocaban entre el ala derecha, donde

            el rey combatía al frente de la caballería, y el centro del

            ejército, donde formaba el grueso de la falange. Como


            Alejandro solía utilizar el orden oblicuo que su padre

            había aprendido de los tebanos y le había transmitido

            a él, los hipaspistas tenían que hacer de bisagra, lo cual


            les obligaba a avanzar más rápido que el resto de la

            infantería. Por eso, en lugar de las engorrosas sarisas,


            utilizaban lanzas de longitud normal. Y Peucestas, al




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