Page 448 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sobornado para que se volviera contra él?


                  —No pongas esa cara de virgen ofendida, Pérdicas

            —dijo  Meleagro—.  Tu  cuñado  te  ha  comparado  con


            Áyax. Eso es un honor. A mí se me habría ocurrido más

            bien el bello Paris.


                  Entre  los  otros  generales  se  oyeron  carcajadas


            apenas  sofocadas.  Pérdicas  enrojeció.  La  referencia  a

            Paris, cuyo único mérito en la guerra de Troya, aparte

            de  provocarla,  consistía  en  ser  el  guerrero  que  más


            atildado se presentaba a la batalla, era sangrante. Con

            ese mezquino desquite, Meleagro se vengaba de que a

            sus cuarenta y tres años conservase la apostura de un


            mozo, mientras que él era una ruina velluda con aliento

            a vino agrio.


                  Pero lo que de verdad hería a Pérdicas era que no


            confiaran en él. Su propio cuñado acababa de pedir la

            presencia de Crátero, y su hermano agachaba la vista


            sin decir nada. Incluso el prudente Glaucias se había

            tapado la boca para enmascarar una amplia sonrisa.


                  —No te ofendas, Pérdicas —dijo Peucestas, en tono

            alegre—. Antes os habéis reído todos de mí cuando me


            he caído de culo.


                  —Valiente tropa tiene Alejandro para tomar Roma

            —masculló Pérdicas—. Con vosotros no va a ninguna


            parte.




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