Page 444 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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la instrucción y dejan que se les pele el escudo, se les

            oxide la espada y se les embarren las botas, pero ahí


            suele quedar todo, pues no tienen más ambiciones que

            beber vino, jugarse la paga y fornicar como sátiros. En

            cambio, si los generales aprecian debilidad en su rey,


            no tardan en fantasear qué sucedería si ellos ocuparan

            su trono. Que no dejaba de ser la misma posibilidad


            que sopesaba Pérdicas en aquel preciso instante.


                  A no ser que Alejandro los estuviera espiando para

            conocer  qué  opinaban  realmente  y  saber  quiénes  le

            seguían siendo fieles y quiénes no. No había más que


            mirar alrededor de la mesa para enterarse. Meleagro,

            por supuesto, aborrecía a Alejandro, pero eso no tenía

            mérito  ni  misterio,  porque  aborrecía  con  la  misma


            generosidad a todo el mundo. Antígenes era uno de los

            típicos  veteranos  de  Filipo,  esos  que  andaban


            comparando  a  todas  horas  el  presente  con  los  viejos

            tiempos  en  los  que  el  vino  sabía  más  dulce,  los

            soldados  eran  más  valientes  y  respetuosos  y  las


            mujeres más rollizas y mejor dispuestas. Como si no

            hubiera  amasado  una  fortuna  de  miles  de  talentos


            gracias a las conquistas de Alejandro.


                  Peucestas  apoyaba  con  fervor  a  Alejandro  y

            amenazaba  con  abandonar  la  reunión  si  seguían

            criticándolo.  Pero  de  momento  no  la  había


            abandonado,  lo  cual  resultaba  sospechoso:  eso



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