Page 445 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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significaba  que  también  albergaba  dudas  y  quería

            escuchar las de los demás. Teodoro, el más joven de los


            generales, no hablaba mucho, pero todo lo que decía

            era en defensa del rey.


                  Y  luego  estaban  los  vacilantes.  Su  hermano  y  su


            cuñado. Él mismo. Perseo, el general del sexto batallón.

            Tal vez incluso Glaucias.


                  —Alejandro se ha vuelto muy indulgente consigo

            mismo —dijo Antígenes—. Y no tiene derecho a ello.


                  —Eso es por culpa de ese médico, que le ha vuelto


            un blando —comentó Meleagro con voz venenosa—.

            ¡Así lo hayan despellejado los romanos o se haya ido al


            fondo del mar!


                  El propio Glaucias meneó la cabeza.


                  —La confianza es peligrosa. Alejandro ha dicho que

            deben  ser  los  enemigos  quienes  piensen  en  nuestros


            movimientos  y  se  adapten  a  nosotros.  A  mí  me

            preocupa  que  sea  eso  precisamente  lo  que  estén

            haciendo.


                  —¿Qué  quieres  decir?  —le  preguntó  Pérdicas.  A


            Glaucias  le  gustaba  ser  sentencioso  y  hacer  pausas

            misteriosas después de cada frase.


                  —Alejandro  es  muy  conocido.  Los  relatos  de


            nuestras campañas han recorrido todo el mundo desde

            el Indo hasta las Columnas de Heracles. Seguramente



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