Page 470 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 470
nadie. Pero, si cree que flaqueo, obrará como el león
joven que al ver débil al jefe de la manada se vuelve
contra él para expulsarlo y ocupar su lugar. ¿Cómo voy
a dejar yo que me sustituya un león más viejo?
—¿Y por qué envías a Pérdicas con él? No lo
entiendo.
—¡Ah, mi buen Pérdicas! —Alejandro suspiró y
volvió a beber—. Ha nacido para ser infeliz. Siempre
tiene un motivo para sentirse insatisfecho y ultrajado.
Aunque le di la mano de mi hermana y le he
demostrado mil veces la predilección que siento por él,
sigue siendo un niño que se queja de que su padre no
lo quiere lo suficiente. Le importa sobremanera lo que
piensen de él, y cualquier gesto al azar hace mella en
su orgullo. Por eso quiero que acompañe a Crátero,
para que sepa que a ambos los aprecio por igual.
Aunque luego —añadió en tono más frío—, cuando
llegue el momento de la batalla, será a Crátero y no a
Pérdicas a quien encomiende mi ejército.
Lisanias no dijo nada. No se creía la explicación de
Alejandro; sin duda existía algún motivo más sutil
detrás, alguna razón por la que arriesgaba a la vez a
dos generales en una misión que podría llevar
cualquier oficial de menor rango.
O simplemente el león jefe estaba enviando lejos a
dos machos de la manada que podían rebelarse contra
470

