Page 472 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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analítico y riguroso como a él le gustaba. El problema
es que había cosas que Aristóteles no podía o no quería
entender. Él nunca fue un guerrero. —Volvió a
recitar—: «La guerra es el padre y el rey de todas las
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cosas. La guerra distingue quiénes son hombres y
quiénes son dioses, y a unos los convierte en esclavos y
a otros los hace libres». Para Heráclito, el mundo era un
ciclo de fuego y guerra perpetuos, un Fénix que se
extingue entre sus propias llamas y que, cuando se ha
hundido en sus cenizas, vuelve a renacer. Todos los
indicios me hacen pensar que ahora estamos al final de
un ciclo.
—No quisiera pensar eso —respondió Lisanias.
El rey se volvió hacia él, le agarró por los hombros
y le miró a los ojos. Tan cerca de Alejandro, el joven
pensó que era como un dios; pero un dios triste,
sabedor de su mortalidad y del fin inexorable de todas
las cosas que había conocido.
—¿Sabes qué más decía Heráclito? «Las almas
muertas en combate son más puras que las que perecen
de enfermedades, y sólo ellas se unen al fuego
cósmico.» No sé qué gusano o cangrejo maligno está
corroyendo mi cabeza, Lisanias, pero no voy a dejar
que me pudra por dentro ni me convierta en algo
distinto de Alejandro. Si todo ha de terminar, tengamos
7 En griego la palabra «guerra», pólemos, es masculina.
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