Page 471 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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él en cuanto lo supieran débil y olfatearan sangre
fresca.
—¿Tú me has visto borracho, Lisanias? —preguntó
Alejandro, volviéndose hacia él—. Dime la verdad.
¿Crees que Dioniso se está apoderando otra vez de mí?
—No —contestó Lisanias con voz feble, y se
apresuró a añadir con más vehemencia—: De ninguna
manera. El vino trae el dulce sueño, y tú necesitas
dormir de vez en cuando.
—Es difícil dormir cuando presientes que todo lo
que has conocido está a punto de acabarse — respondió
Alejandro, alzando los ojos hacia el cometa.
—No puedo creer que pase eso —dijo Lisanias—.
Puede que los hombres seamos mortales, pero el
mundo es eterno. No puede ser de otra forma.
—«Este cosmos no lo creó ningún dios ni ningún
hombre, sino que siempre ha sido, es y será fuego
eterno que se enciende y se apaga según medida» —
recitó Alejandro.
—¿Quién dijo eso?
—Heráclito de Éfeso, al que llamaban el Oscuro.
Aristóteles nos enseñó sus ideas cuando estudiábamos
en los Jardines de Midas. Lo criticaba de forma
implacable, porque Heráclito era a la vez sabio y poeta,
un pensador poético y ardiente, y no un filósofo
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