Page 466 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Lisanias  silbó  entre  dientes.  Era  el  equivalente  a

            ciento  cincuenta  talentos  de  plata,  o  novecientas  mil


            dracmas. Con una suma así, Alejandro podía mantener

            a todo el ejército durante seis o siete días, incluyendo

            las pagas de la caballería de Compañeros.



                  —He oído que la hija de Agatocles también viajaba

            en ese barco —dijo Crátero.


                  —Y si está en Roma, también la traerás. Pero antes

            rescata a Néstor. Si no hubiera más remedio, puedes


            dejar allí a Agatoclea. No creo que le hagan daño, y ya

            la recuperaré cuando tome la ciudad. Pero a Néstor lo

            necesito ahora.



                  —¿Y si estuviera muerto?


                  —No lo está.


                  —Ha habido una batalla, Alejandro. La gente muere

            en las batallas, aunque no sean soldados.


                  —Sé que no está muerto. Tú me lo traerás —dijo


            Alejandro, levantándose del taburete.


                  Crátero bajó la mirada. Lisanias casi podía leerle los

            pensamientos. Si los romanos eran tan testarudos como


            todo el mundo parecía atestiguar, no era misión baladí

            la que le había encomendado Alejandro.


                  —Siempre he hecho por ti lo posible y lo imposible


            —respondió  por  fin  Crátero,  incorporándose  él

            también.


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