Page 58 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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levantó para seguir a Ptolomeo. El corazón le latía más
rápido que el ritmo del baile que estaban interpretando
dos cortesanas jonias. Alejandro levantó una mano y la
música cesó.
Los pajes que montaban guardia acudieron a la
puerta y formaron alrededor de Ptolomeo. Uno de ellos
casi arrolló a Pérdicas, que se volvió furioso contra él.
Por un segundo pensó encontrarse ante el fantasma de
Hefestión; pero no, sólo era un mozo barbilampiño que
se le parecía mucho.
—¿Quién coño eres tú?
—Me llamo Lisanias, señor.
—Pues aparta esa lanza, Lisanias, que no es de mí
de quien tienes que defender a tu rey.
Ptolomeo mismo separó las jambas de la puerta. Al
otro lado montaban guardia otros veinte pajes reales
dispuestos en dos filas. Tenían las lanzas levantadas y
cruzadas como si quisieran impedir el paso a alguien;
pero la espalda de Cares, jefe de protocolo de
Alejandro, impedía ver quién había más allá.
—¿Qué ocurre? —preguntó Ptolomeo.
Cares se dio la vuelta.
—Un hombre quiere ver al rey. Dice que es urgente.
Pérdicas se volvió al notar una mano en el hombro.
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