Page 629 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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ritual, la poética, la erótica y la profética. Cuando le oyó
clasificarlos así, Aristóteles pensó que ninguna de
aquellas clases se correspondía con las muestras de
vesania que había visto en su familia, y que debía haber
una locura distinta, a la que él llamó locura‐locura, que
no servía a ningún fin y que se debía tan sólo a las
fuerzas de la sinrazón y el caos que pugnaban por
enturbiar el orden y la lógica del universo.
Su madre, Festias, parecía salvarse de aquella
demencia, y mientras vivió su marido Nicómaco,
médico del rey Filipo, se comportó en todo momento
como una griega ejemplar, cumpliendo la máxima de
Pericles de que lo mejor para una mujer era que no se
hablara de sus acciones, buenas o malas.
Nicómaco falleció cuando Aristóteles tenía catorce
años. Ese mismo verano, que fue especialmente
caluroso e insalubre, se trasladaron a una casa que la
familia tenía en Acrotoos. Aquella ciudad estaba en la
cumbre del monte Atos, a tanta altura que en pleno
verano había que salir a la calle con manto. De hecho,
Acrotoos estaba tan alta que el sol salía allí varias horas
antes que en la costa, y los lugareños comentaban que,
cuando en Estagira cantaba el gallo, ellos ya estaban
cansados de trabajar.
Un día, cuando aún no llevaban allí medio mes,
Aristóteles observó algo extraño a la hora de cenar. Su
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