Page 709 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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duerme y cuando caga, y no diría yo que no se lleve la

            espada también para limpiarse el culo. Y mírale ahora


            —añadió, mientras Euctemón entraba en una estocada

            a  fondo—.  No  tiene  dudas.  No  ve  personas  delante.

            Sólo cuadrados y círculos llenos de puntos que tiene


            que pinchar.


                  Eso era cierto. Si Euctemón tenía que sacarle un ojo

            a un compañero en un entrenamiento, lo hacía. No era


            broma. A Filolao le había clavado una estocada en la

            cuenca del ojo. Por suerte, había sido en la derecha, la

            que tenía vacía desde la campaña del Hircanio; por eso


            le llamaban Cíclope.


                  —Ahora bien —continuó Gorgo—, cuando llegue la

            batalla eso mismo puede ser un peligro. En el momento


            de la verdad hay que recordar que frente a t¡ tienes a

            un hombre.


                  —¿Un toque de filantropía? —se extrañó Demetrio.


                  —Ni lo sueñes, boquerón. Si le tengo que sacar las


            tripas o arrancar las pelotas a alguien, no lo dudo, y

            espero  que  tú  tampoco  lo  hagas.  Pero  me  refiero  a

            prever  lo  imprevisible,  y  no  sé  si  tu  hermano  sabrá


            hacerlo. Además —añadió pensativa—, ¿qué hacemos

            con  un  zurdo?  Bueno,  mientras  no  combata  en  la

            primera fila no será mucho problema —dijo, mientras


            observaba  atentamente  cómo  Euctemón  hacía  una

            demostración de parada lateral.


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