Page 704 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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pasaron bajo el arco de la Aqua Junia, el acueducto
recién inaugurado por el menudo censor plebeyo que
discutía con Gayo Julio en la fiesta. Pero en vez de
seguir hasta la puerta Capena se desviaron de nuevo
por otra callejuela. Aquél era otro suburbio peligroso,
les informó Pandemo: el Sumenio, la zona frecuentada
por las prostitutas y los alcahuetes más sórdidos de
Roma.
—Si fueran las primeras horas de la noche no me
habría atrevido a traeros por aquí —les dijo—. Pero ya
es tan tarde que hasta las putas se han retirado.
De lo que se alegraba Néstor, pues no tenía ningún
deseo de ver la espada de Mirmidón en acción. Entre la
muralla y las casuchas del Sumenio corría una calle
empedrada. Se cruzaron con un carro que bajaba con
lento traqueteo y se tuvieron que pegar al vano de una
puerta para dejarlo pasar. Por el tufo que despedía, era
evidente que se trataba de uno de los carromatos que
aprovechaban las horas previas al amanecer para sacar
de la ciudad los excrementos humanos y animales que
luego se usaban como abono.
Después de aquel fragante encuentro, llegaron a
una poterna abierta en el muro. La reja de acero estaba
abierta. Pandemo les indicó que pasaran al otro lado,
para lo cual Néstor se tuvo que agachar. Tras cruzar
bajo ocho codos de piedra maciza, salieron por fin
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