Page 707 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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DE REY A REY
En Posidonia hacía días que cundía la impaciencia.
Todo el mundo sentía o creía saber que los preparativos
ya estaban listos. Se acercaba el mes de hiperbereteo y
con él el equinoccio. Las lluvias de otoño podían llegar
en cualquier momento, y si algo molestaba más a los
soldados que luchar y marchar, era hacerlo por
barrizales y con los pies mojados.
Aún quedaba por celebrar el cacareado certamen de
espada. Para acicatear a los hombres, los heraldos
habían recorrido todo el campamento llevando en
andas la armadura ofrecida como premio. La coraza de
electro estaba repujada con ataujías de oro puro y
piedras preciosas que representaban a Alejandro y al
difunto Bucéfalo en una cacería de leones; las grebas
eran también de oro labrado, y el yelmo era una rara
pieza de cuero lacado con incrustaciones de oro y
perlas. Según el tío del escudo, lo habían traído de un
país al este de la India, aunque muchos soldados
ponían gesto escéptico, pues todo el mundo sabía que
la India estaba en los confines de la Tierra y más allá no
había nada salvo el gran río Océano.
Al ver el trofeo, uno de los Agriopaides propuso
que, si alguien de la compañía conseguía el premio, le
entregara a Euctemón una de las grebas de oro. En
cuanto oyó el comentario, el ateniense se empeñó en
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