Page 705 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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extramuros. Atravesaron una zona de terreno
despejado y no tardaron en llegar a un bosquecillo de
sauces.
—Aquí es donde cuentan que la ninfa Egeria amó al
rey Numa. Y ésa es su fuente —les dijo Pandemo, que
estaba tan versado en las leyendas de la ciudad como
si fuera romano de pura cepa y no tarentino.
Allí, junto a un templete forrado de bronce, les
esperaban otros dos hombres. Aunque estaban
cubiertos con capuchas, Néstor reconoció a uno de
ellos como esclavo de Gayo, y supuso que el otro
también lo era. Traían con ellos tres caballos. Uno de
ellos era Pegaso, el corcel blanco del tribuno. Aunque
los otros dos, una yegua y un macho bayos, no tenían
una estampa tan espléndida, eran animales jóvenes y
de sólidos remos.
—Rápido —les dijo Pandemo—. Queda poco para
el amanecer. Cuando Néstor hizo ademán de ayudar a
Clea a montar sobre Pegaso, el liberto le puso la mano
en el brazo.
—Gayo Julio ha dicho que debes ser tú quien lo
monte. Ahora te pertenece —le explicó, y él mismo
juntó las manos para hacerle de estribo.
Clea montó en la yegua y Mirmidón en el bayo. Los
esclavos de Gayo les entregaron un zurrón con comida
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