Page 807 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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entregó un anillo de oro con un sello verde. Mirmidón

            dio un tirón y recuperó su daga, mientras el secretario


            se guardaba la mano bajo la axila y se mordía los labios

            para no gritar de dolor.


                  —Ahora no tengo tiempo de averiguar el porqué de


            tu  traición,  Eumenes,  pero  tendrás  tiempo  de

            contármelo más adelante.


                  Alejandro  encargó  a  Lisanias  que  se  llevara  a

            Eumenes  y  lo  pusiera  a  buen  recaudo,  atado  y


            amordazado de tal manera que no pudiese hablar con

            nadie.  Después  se  sentó  a  la  misma  mesa  donde

            Mirmidón  había  clavado  la  mano  del  secretario  y  se


            quedó mirando a la mancha de sangre.


                  —¿Desde cuándo sabías que Eumenes era un espía?

            —le preguntó Néstor.



                  —Desde  que  llegamos  a  Italia  —respondió

            Alejandro.


                  —Pero no se lo habías dicho a nadie...


                  —No. Ya que me había traicionado, me venían bien

            sus  informes.  Quería  que  los  romanos  supieran


            exactamente qué fuerzas tengo para que se decidieran

            a  salir  de  su  ciudad  y  plantarme  batalla.  Ellos  están


            convencidos de que si sus tropas derrotaron a las mías

            en  el  Circeo,  ahora,  con  superioridad  numérica,

            pueden  aplastarme.  Comprobarán  que  esto  no  es  el




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