Page 811 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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cielo. Es el orden natural.
—El orden natural va a ser destruido, Alejandro.
¿Por qué no vuelves a Macedonia y disfrutas del
tiempo que te quede con tu familia y tus amigos?
Alejandro se quedó pensativo un rato antes de
contestar.
—Voy a decirte algo, Néstor. Es posible que haya
una opción, una remota opción de evitar lo inevitable.
Tú me has traído esa opción, pero lo primero que debo
hacer es quitar todos los obstáculos de mi camino.
Roma es el primer obstáculo.
—¿Y cuál es esa opción?
—Lo sabrás todo en su momento, Néstor, te lo
prometo. Ahora sólo quiero que entiendas que debo
someter a Roma.
—No se rendirán. No está en su naturaleza.
—Yo no puedo perder meses sitiándola —dijo
Alejandro, y su mirada hizo estremecerse a Néstor—.
He hecho cosas terribles, amigo mío. Y volveré a
hacerlas si es necesario. La tienda de Papirio estaba en
el centro del campamento romano, donde se cruzaban
las dos calles principales. Allí, tras una reunión con los
dos cónsules y el magister equitum que se había
prolongado hasta el anochecer, convocó a los demás
mandos de las siete legiones que había traído desde
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