Page 812 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Roma, y también a los jefes de las legiones aliadas. El

            dictador  estaba  sentado  en  su  silla  curul,  delante  de


            una larga mesa donde había desplegado un tosco mapa

            con  piezas  de  madera  rojas  que  representaban  a  las

            legiones  romanas  y  amarillas  para  las  unidades


            macedonias. Delante de él, formando un semicírculo

            como en un teatro griego, estaban de pie los generales,


            tras  éstos  los  tribunos  y,  por  último,  los  centuriones

            primipilos.


                  Gayo estaba en la segunda fila, pero su estatura le

            permitía  ver  por  encima  del  hombro  del  cónsul  de


            Bubulco,  su  mando  directo  en  la  Segunda  Legión.

            Como  era  de  esperar  después  de  todo  lo  sucedido,

            Papirio  había  impedido  que  ascendieran  a  Gayo.  De


            hecho, si hubiese sido por él, lo habría despojado de su

            poder tribunicio y lo habría arrojado al Tuliano para


            sustituir a los prisioneros.


                  —Tú  estás  detrás  de  esto  —le  había  acusado

            Papirio, el día siguiente a la fuga.


                  —No sé a qué te refieres —contestó Gayo, que se


            había  apresurado  a  volver  a  Roma  tras  esconder  los

            quince  talentos  de  oro  en  una  cueva  recóndita  del

            monte Albano.


                  —Si intentas burlarte de mí, haré que te decapiten


            aquí mismo. Hablo de la muerte de ocho lictores y doce

            ciudadanos romanos a las puertas del Tuliano. Hablo


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