Page 809 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Conozco esa mirada, Alejandro. ¿Qué estás
tramando?
En vez de responderle, el rey se acercó a un velador,
tomó una jarra de vino y le sirvió una copa a Néstor.
Después hizo ademán de llenarse otra para él, pero el
médico le chistó.
—Lo siento. Había vuelto a coger la costumbre. —
Alejandro se volvió, se cruzó de brazos y dijo—: Sé que
no me has curado, y que ni siquiera me estás curando.
Yo también conozco tu mirada cuando derrotas a una
enfermedad. Ahora no te la he visto. Dime la verdad.
¿Cuánto tiempo me queda?
—No lo sé —confesó Néstor—. Si la batalla es
mañana, puedo asegurarte que llegarás a ella en
buenas condiciones.
—Tener un mañana al menos es algo. ¿Y después?
—Después... tal vez meses, quizá un año. A veces
males como el tuyo se curan solos, pero es muy raro.
—Gracias por tu sinceridad —dijo Alejandro sin la
menor ironía.
—Es mi obligación. ¿Me permites que te pregunte
algo a cambio?
—Cómo no —respondió Alejandro, abriendo los
brazos y mostrándole las palmas de las manos abiertas.
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