Page 803 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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que  cada  general  y  oficial  volviera  con  su  unidad.

            Tenían que estar descansados para el día siguiente, y


            quería que los soldados los vieran cerca de ellos.


                  —Los romanos aceptarán la batalla mañana, estoy

            seguro  —les  dijo,  mientras  los  pajes  encendían


            candelabros y pebeteros, pues la noche estaba cayendo

            ya—. Eso si no la ofrecen ellos antes. Son agresivos, y

            han  movilizado  a  un  ejército  muy  numeroso.  No


            pueden  mantenerlo  en  pie  de  guerra  demasiado

            tiempo.  Pero,  en  cualquier  caso,  nosotros  nos

            desplegaremos antes.


                  Les avisó de que tal vez habría algunos cambios en


            la formación, y diciéndoles que unas horas antes del

            amanecer  recibirían  las  instrucciones  pertinentes,  los


            despidió.


                  Cuando  se  retiraron  todos,  Alejandro  le  hizo  una

            seña  a  Néstor  para  que  se  quedara  con  él.  Después


            levantó la voz para avisar a Eumenes, que ya estaba en

            la puerta.


                  —Por favor, Eumenes, espera.


                  El secretario real se volvió, y le hizo una seña a sus

            ayudantes para que lo esperaran fuera de la tienda.



                  —¿Tenías  mucha  prisa,  Eumenes?  —preguntó

            Alejandro—. No quiero interrumpirte en nada.


                  Néstor se dio cuenta de que pasaba algo. El tono del



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