Page 813 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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de la fuga de los dos prisioneros que iban a ser
sacrificados a los dioses por instrucción de los Libros
Sibilinos.
Los dioses no podían quedarse sin su ofrenda, de
modo que ese mismo día habían enterrado a un esclavo
celta y una esclava griega en el Foro Boario. En opinión
de los decenviros, con eso bastaba para cumplir el
ritual prescrito por los Libros Sibilinos, y Papirio dio su
bendición. Pero en privado echaba fuego por los
ollares.
—Todo el mundo sabe que en ese momento yo
estaba acompañando a los embajadores macedonios
que salieron de la Villa Pública —se había defendido
Gayo, disfrutando de aquello, aunque sabía que
pagaría las consecuencias—. Tus propios clientes lo
pueden atestiguar, ya que tuviste la amabilidad de
enviarlos para que los despidieran.
—Nada impide que, mientras tú te dedicabas a
hacer amistad con los bárbaros, tus esbirros cometieran
esa tropelía.
—Ya quisiera yo tener la centésima parte de clientes
que tú, Papirio, para poder enviarlos en la noche a que
me hicieran el trabajo sucio. ¡Veinte muertos! Para algo
así se necesita un pequeño ejército.
Lo cierto era que Papirio no estaba seguro de lo que
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