Page 821 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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aplastar a los Compañeros, como alardeaba Postumio,
pero seguro que le darían a Alejandro algún
quebradero de cabeza, más de lo que podrían haber
conseguido los aliados.
‐Alejandro pretende golpearnos en el corazón,
como hizo con ese afeminado rey persa —dijo
Papirio—. Pero se va a sorprender cuando se lo
arranquemos crudo a él. Está tan ensoberbecido que no
puede creer que nosotros los romanos, a los que sus
lacayos se atrevieron a llamar bárbaros en pleno
Senado, conocemos mucho más de él que él de
nosotros. De hecho, nos sabemos a Alejandro de
memoria. ¡Va a pagar caro habernos subestimado! Yo
os digo que su destino será el mismo que el del otro
Alejandro: un sepulcro en Italia.
»Él no sabe que el poder de la República no reside
en ningún rey ni tirano. A lo mejor piensa que si me
mata a mí, al dictador, todo el ejército romano se
hundirá y se batirá en fuga como hizo el persa. Pero el
poder de la República hunde sus raíces en el corazón
de cada ciudadano. Si quiere vencer a Roma, ¡antes
tendrá que aniquilarnos a todos los romanos!
La reunión se disolvió entre aclamaciones al
dictador. Gayo Julio se acercó a la mesa para observar
el despliegue. El taco de madera marcado con las dos
barras de la Segunda estaba en el ala izquierda del
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