Page 826 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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odrisios y peonios de infantería ligera que corrían
detrás de ellos, y luego les pasó también la fila de los
espartanos, que venían pisándoles los talones desde el
campamento.
Lo que había visto le sugería la disposición de tres
batallones en orden oblicuo, pero con el frente
equivocado: en vez de mirar al norte, hacia el
campamento romano, parecía que Alejandro quisiera
desplegarlos orientados hacia el oeste, de cara al
Vesubio. Cuando se volvió para comentárselo a Filo,
éste se encogió de hombros.
—Debe ser una maniobra previa, o un punto de
partida.
—Esto no me gusta —dijo Demetrio, que volvía a
notar retortijones en el vientre.
—¡Alto! —gritó Leónato—. ¡Formad en filas de
cuatro!
Mientras los que iban en cabeza se quedaron
marcando el paso en el sitio, los demás se desplegaron
a su izquierda. Demetrio, seguía estando en el tercer
puesto de su fila, pero ahora se hallaba el penúltimo,
con sólo Filo a sus espaldas. Cíclope volvía a estar a su
derecha; debía haber cambiado el puesto con algún
compañero, porque con el nuevo despliegue no le
habría correspondido ese puesto.
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