Page 830 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Las filas cubrían ya todo el horizonte. Mezclado con

            la barahúnda del propio ejército macedonio, llegaba ya


            el  sonido  de  voces,  relinchos,  tambores,  cornetas  y

            trompas.


                  —Los  romanos  están  a  seis  estadios  —dijo


            Euctemón. Demetrio ni le preguntaba en qué basaba

            sus mediciones; las aceptaba sin más.


                  —¡Media vuelta! —ordenó Leónato.


                  —Ya lo sabía yo —rezongó Cíclope—. Nos retiran

            de aquí. Alejandro chochea ya más que las Grayas.



                  Llevaban  un  rato  oyendo  un  traqueteo  a  sus

            espaldas,  y  ahora  comprendieron  la  razón.  Habían

            llegado  unos  carretones  de  cuyos  portones  traseros


            sobresalían  haces  de  sarisas.  Demetrio  se  quedó

            extrañado, porque le habían dicho que los Agriopaides


            no habían luchado nunca con aquellas picas. Mientras,

            los  mozos  que  acompañaban  a  los  carros  los

            descargaron, ayudados por peltastas que se colgaban a


            la espalda los escudos para bajar al suelo los haces de

            sarisas  y  cortar  las  cuerdas  que  los  unían.  Luego  se

            acercaron  a  los  Agriopaides  y  las  repartieron.  A


            Demetrio  le  dio  la  impresión  de  que,  para  ser  tan

            pesadas,  las  manejaban  con  mucha  soltura.  Filo  fue

            cogiendo las sarisas que le entregaban y las pasó hacia


            delante.





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