Page 829 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 829
Demetrio volvió a asomarse. Por delante de las
montañas, mucho más cerca de ellos, se levantaban
columnas de humo blanco. No, se corrigió enseguida.
Eran nubes de polvo.
—¡Por allí vienen! —oyó decir a Gorgo en la primera
fila—. Esta vez veréis cómo no rehúsan el combate.
—Pero ¿qué hacemos nosotros aquí? —preguntó
Demetrio—. ¿En qué flanco estamos?
Por la dirección de la marcha, sospechaba que se
encontraban cerca del ala derecha, al contrario que el
día anterior; pero para alguien de estatura mediana
como él era casi imposible ver algo por encima de los
yelmos de los compañeros que tenía a ambos lados.
—Aprende de los espartanos, Demetrio —
respondió Gorgo—. Ellos nunca preguntan quiénes
son los enemigos ni cuántos, sólo dónde están.
—Bueno, yo sólo quiero saber dónde estamos
nosotros —contestó Demetrio.
Al principio se vio sólo una masa oscura que se
acercaba por debajo del polvo blanco. Luego, el sol
recién amanecido empezó a arrancar destellos a las
puntas de las lanzas, y se distinguieron unas formas
brillantes que flotaban sobre las filas.
—Ésos son sus estandartes —comentó Cíclope, que
con su único ojo veía como el mítico Linceo.
829

