Page 893 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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velocidad de la marcha no le satisfacía, escogió a cinco
mil hombres de caballería y llegó a la ciudad cuatro
días después, el 18 de hiperbereteo, adelantándose a
los correos que llevaban la noticia de la gran derrota
romana en el Vesubio. Así, Alejandro se convirtió en
mensajero de su propia victoria.
El espectáculo que se encontraron al llegar ante la
urbe sorprendió a los propios macedonios. Toda la
ciudad estaba rodeada por una empalizada de más de
ochenta estadios de perímetro, y desde ella grandes
máquinas de guerra batían las murallas con piedras y
enormes flechas. Nadie entre los que rodeaban a
Alejandro, ni siquiera Peucestas, Lisanias o el propio
Néstor, sabía que desde hacía más de un mes un
ejército al mando del macedonio Ofelas se había estado
preparando en Ortona para atravesar los Apeninos y
asediar Roma. Los romanos habían cometido el error
de acometer a Ofelas en campo abierto con la Octava
Legión en lugar de usarla para guarnecer las murallas,
y el macedonio, aunque sufrió graves pérdidas, logró
derrotarlos gracias a que los superaba en una
proporción casi de tres a uno. Ahora Roma no disponía
de tropas, aunque todos los hombres que se mantenían
en pie y muchas mujeres defendían las murallas.
De todos modos, Ofelas tenía instrucciones de
mantenerse a la espera y hostigar a los romanos sin
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