Page 888 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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ataque romano en el centro de las líneas, lo que suponía
la mitad de los hombres desplegados en esa zona. Los
propios Agriopaides habían perdido a doscientos
quince de sus quinientos hombres. A cambio, los
batallones de sarisas habían quedado casi intactos, y
dos de ellos no habían sufrido ninguna baja.
Al ver la caída del bólido, Néstor había pensado que
se trataba del propio cometa, y que los dioses habían
adelantado la destrucción de la humanidad. Pero
cuando el único resultado apreciable fue aquel breve
terremoto, pensó que la amenaza augurada por
Aristóteles y Euctemón se había cumplido con muchos
menos daños de los previstos. Mas para su desazón,
cuando elevó la mirada hacia las alturas el cometa
seguía en el cielo, indiferente a la batalla que se había
librado a sus pies.
Sin embargo, aún presenciaron más prodigios.
Cuando el sol se puso, se divisó un vivísimo resplandor
carmesí hacia el noroeste, por donde había
desaparecido el bólido, como si el cielo mismo se
hubiera incendiado a su paso. Después, avanzada la
noche, una luz se separó de Ícaro, y los corazones de
todos se encogieron de terror pensando que una nueva
bola de fuego caería sobre el suelo y que esta vez los
podía alcanzar a ellos.
Aquel destello fugaz pareció perderse en el cielo y
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