Page 895 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 895
dispuesto a hacerlo si no había otro remedio. Por otra
parte, se enteró de cuáles senadores eran los más
venales y sobornó a algunos de ellos para que a su vez
sobornaran a unos cuantos adivinos. Bastaron dos días
para que corrieran por la ciudad rumores de que
oponerse a Alejandro era oponerse a los dioses. Y lo
cierto era que la gente lo creía, pues no podía ser un
azar que, al mismo tiempo que ellos habían visto
aquella luz cegadora surcar el cielo, su ejército fuera
aniquilado bajo el Vesubio.
A pesar de las señales y prodigios, las negociaciones
fueron largas. Alejandro, que nunca había tenido
demasiada paciencia y tampoco la había adquirido con
la edad, maldijo mil veces a los romanos. Hablando en
privado con Néstor le confesó que estaba deseando
arrasarla como había hecho con Tebas. Pero por fin, en
las nonas de octubre, que para los macedonios eran el
día 5 del mes dío, Alejandro entró en Roma.
No lo hizo como rey, algo que hubiera hecho
tambalearse los cimientos sagrados del pomerio, sino
como hijo de Júpiter. Todas las instituciones romanas
seguirían existiendo y funcionando exactamente igual,
con una salvedad. Como dios encarnado, Alejandro
tendría derecho no a un gobernador militar, sino a un
sacerdote que podría interponer veto a cualquier
decisión de los magistrados y cuyos consejos poseerían
895

