Page 897 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sinceridad.


                  De nuevo Néstor atravesó el Foro; aunque hacerlo a

            lomos de un caballo tan alto como Pegaso daba una


            perspectiva  distinta.  Pasaron  junto  al  portal  de  Jano,

            que  se  cerró  a  su  paso  para  simbolizar  que  Roma  y


            Alejandro volvían a estar en paz, y después la comitiva

            se  detuvo  ante  el  templo  de  la  Concordia  y  el  de

            Saturno. Allí los jinetes desmontaron y emprendieron


            la ascensión de la cuesta del Capitolio. Una vez ante el

            altar  del  templo,  el  propio  Alejandro  sacrificó  dos

            espléndidos bueyes blancos en honor de su padre, al


            que  se  dirigió  como  Júpiter‐Zeus‐Amón,  y  los

            arúspices que examinaron las vísceras aseguraron que

            todo estaba en orden.



                  Pero  dos  noches  después  Alejandro  volvió  al

            templo de Júpiter, por la noche, acompañado tan sólo

            por sus hombres de confianza. Mientras volvían a subir


            la cuesta, Alejandro agarró a Néstor del brazo y le dijo

            en voz baja:


                  —Antes de morir, Pérdicas me contó algo.


                  Néstor  sintió  que  el  corazón  se  le  detenía  un


            instante.  Conociendo  los  síntomas  externos  que

            diferenciaban a un mentiroso de un hombre sincero, se

            concentró en evitarlos. Alejandro añadió:



                  —Me dijo que te preguntara, porque tú conocías un




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