Page 890 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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y  entonces  todos  los  presentes  contemplaron  un

            espectáculo  que  les  llenó  de  espanto  y  les  partió  el


            corazón a partes iguales. Euctemón abrió la boca, sus

            rasgos  se  deformaron  en  una  horrible  mueca  de

            Gorgona y, por primera vez en su vida, lloró. Lo hizo


            casi sin lágrimas, con un gemido grave que salía de las

            profundidades de su pecho, a medias el aullido de un


            lobo en la noche y a medias el balido de un cordero

            extraviado.


                  Después de eso, el rey le pidió con mucha gentileza

            que  volviera  a  observar  el  cometa  y  le  informara  de


            cualquier  cambio.  Euctemón  no  dijo  nada  más,  pero

            salió  de  la  tienda  y  se  quedó  el  resto  de  la  noche

            mirando al cielo.



                  Al amanecer le trajo una respuesta.


                  —El  cometa  Ícaro  ya  no  tarda  catorce  días  en

            completar la órbita alrededor de la Tierra.


                  —Eso no me importa demasiado, Euctemón. Lo que


            quiero  saber  es  si  caerá  sobre  nosotros  o  si  se  ha

            producido algún cambio.


                  —Parte de la naturaleza pesada de Ícaro que es de

            tierra y agua ha caído a la Tierra por lo que el cometa


            ha subido. Pero parte de la naturaleza ligera de Ícaro

            que es de éter y fuego ha ascendido hacia la Luna por


            lo que el cometa ha bajado.




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