Page 899 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 899

muy ardiente, y el femenino aún más. Pero espero que

            comprenda una cosa. La mujer de Alejandro no sólo


            debe ser casta, sino también parecerlo.


                  —Seguro  que  lo  comprenderá  —dijo  Néstor,  y  al

            momento se arrepintió de haber dicho incluso eso.


                  Se detuvieron ante la escalinata del templo, donde


            les  alcanzaron  Peucestas,  Lisanias  y  Mirmidón.

            Alejandro se volvió y contempló desde allí la ciudad

            bajo la luz del creciente lunar.


                  —Estos  dos  días  en  Roma  han  sido  muy


            instructivos, amigos. Creo que ya sé cómo ganármela.


                  —¿De  veras?  —dijo  Peucestas—.  A  mí  estos

            romanos me parecen peores que los espartanos. Hay


            que  dejar  una  guarnición  por  lo  menos  de  diez  mil

            hombres. Y aún así, si me dejas al mando, te aseguro


            que no dormiré tranquilo ninguna noche.


                  —Sí,  es  cierto  que  son  un  poco  espartanos  —

            respondió Alejandro—. Frugales, pegados a la tierra y

            a sus viejas costumbres... o eso quieren creer. Pero he


            observado el brillo de sus ojos cuando ven el brillo del

            oro.


                  —¿Piensas  sobornarlos  a  todos?  —preguntó


            Mirmidón,  divertido—.  Te  va  a  salir  muy  cara  esta

            ciudad, entonces.


                  —En cierto modo sí, voy a sobornarlos. Pero no de



                                                              899
   894   895   896   897   898   899   900   901   902   903   904