Page 283 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 De este modo entablaron conversación día y noche,

          en la vigilia y el sueño. En verdad, Bean tenía la sensación


          de  estar  dormido  casi  siempre.  Era  un  sueño  largo,

          atractivo  y  fascinante,  la  historia  de  la  vida  de  los

          zánganos, todo lo que sabían sobre su reina y las otras


          reinas,  la  vida  de  las  obreras,  la  historia  total.  Sabían

          muchísimo, y lo sabían directamente, sin las distracciones

          del lenguaje.



                 Pero  a  medida  que  continuaba  el  sueño,  hora  tras

          hora, día tras día, Bean detectó las lagunas que había en

          ese  conocimiento.  Él  preguntaba,  y  ellos  le  daban  la


          respuesta que creían que él deseaba; no podían ver lo que

          no podían ver. Creían saberlo todo, pero Bean notó que la


          reina  les  había  ocultado  la  información  más  vital  y

          peligrosa.


                 Él había creído, como el resto de la raza humana, que

          una  colonia  de  fórmicos  tenía una  sola  mente.  Que  las


          obreras eran para la Reina Colmena lo que los dedos y los

          pies eran para los humanos: solo una parte de ella, sin

          mente  propia.  Pero  mientras  saboreaba  sus  pequeñas


          vidas en la memoria de los zánganos, supo que eso era

          una mentira, una mentira profunda y terrible. Las obreras

          tenían  mente,  pensamientos,  deseos,  pero  la  reina  las


          usaba a su conveniencia, y las desechaba por irrelevantes

          cuando  no  les  encontraba  utilidad.  Si  una  obrera  se



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