Page 96 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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¡Ironía! ¡Sarcasmo! Sabes un huevo, hombre, al menos
comparado conmigo. He estado hojeando el Shacrestialchit,
y ya has superado la suma de mis conocimientos. ¿Sabes algo
sobre... um... sobre su código criminal?
Ged lo observó, entrecerrando los ojos.
— ¿En qué andas metido, Isaac? Son tan igualitarios...
Bueno, su sociedad está por completo basada en potenciar la
capacidad de elección del individuo, lo que los hace
comunistas. Aceptan las elecciones más extrañas de
cualquiera y, por lo que puedo recordar, su único crimen es
privar de elección a otro garuda. Todo esto queda exacerbado
o apaciguado por el hecho de que sean o no dignos de
respeto, un concepto que adoran...
— ¿Cómo puedes robarle la elección a alguien?
—Ni idea. Supongo que, si le robas la lanza a alguien, le
quitas la opción de emplearla... ¿Y si te tumbas encima de
unos suculentos líquenes, de modo que prives a los demás de
la opción de comérselos?
—Es posible que algunos de estos «robos» sean analogías
de lo que nosotros consideramos delitos, mientras que otros
no tengan nada que ver —añadió Isaac.
—Supongo.
— ¿Qué es un individuo abstracto y uno concreto?
Ged contemplaba estupefacto a su compañero.
—Joder, Isaac, ¿tienes un amigo garuda, o qué?
Isaac enarcó una ceja y asintió con rapidez.
— ¡Mierda! —gritó Ged. La gente de las mesas cercanas
se volvió hacia él, con sorpresa—. ¡Y del Cymek...! ¡Isaac,
tienes que conseguir que venga a hablarme sobre el Cymek!
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