Page 167 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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los abriré en distintas etapas para ver cómo se van
transformando.
—La vida de un ayudante de laboratorio es cruel, ¿no? —
murmuró Lublamai a la pecera—. ¿Qué otros desagradables
gusanos tienes por ahí?
—Muchos. Son fáciles de alimentar. Probablemente de
ellos sea el olor que molesta a Sinceridad. —Isaac rió—.
Otros gusanos prometen convertirse en mariposas y polillas,
en horribles y agresivos bichos acuáticos que, al parecer, se
convierten a su vez en moscas damasquinas y en no sé qué
más... —Isaac señaló una piscina llena de agua sucia, detrás
de las otras. Trató de mantener el equilibrio al pasar sobre
una pequeña jaula de malla cercana—. Y aquí tenemos...
algo especial... —golpeteó el contenedor con el pulgar.
David y Lublamai se acercaron, observando con la boca
abierta.
—Oh, eso sí que es espléndido... —susurró David después
de un rato.
— ¿Qué es eso? —siseó Lublamai.
Isaac miró por encima de sus cabeza a su ciempiés estrella.
—Francamente, amigos míos, no tengo ni puta idea. Lo
único que sé es que es enorme y bonito, y que no está muy
contento.
El gusano agitó ciego la gruesa cabeza, desplazando
torpemente su gran cuerpo por la prisión de alambre. Al
menos medía diez centímetros de longitud y tres de grosor,
con colores brillantes dispuestos al azar por su cuerpo
cilíndrico. Un pelaje puntiagudo sobresalía de su lomo.
Compartía la jaula con hojas de lechuga parduzcas, pequeños
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