Page 169 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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De abajo llegó un crujido. Alguien estaba abriendo la
puerta. Los tres hombres se inclinaron peligrosamente sobre
la barandilla y miraron a la planta inferior, esperando ver a
Yagharek el garuda, con sus falsas alas bajo la capa.
Lin los escudriñó desde abajo.
David y Lublamai observaron confusos. Se sintieron
azorados ante el repentino grito de irritada bienvenida de
Isaac, y encontraron algún otro lado a donde mirar.
Isaac bajó a toda prisa las escaleras.
—Lin —bramó—. Me alegro de verte.
Cuando llegó hasta ella, habló en voz queda.
—Cariño, ¿qué haces aquí? Pensé que nos íbamos a ver el
fin de semana.
Mientras hablaba, vio sus antenas vibrar entristecidas y
trató de atemperar su malestar. Estaba claro que Lub y David
sabían lo que ocurría, pues le conocían desde hacía mucho.
No dudaba de que sus evasivas y las pistas sobre su vida
amorosa les habían hecho sospechar algo muy parecido a la
verdad. Pero aquello no eran los Campos Salacus. Aquello
era su casa. Lo podían ver.
Pero Lin parecía abatida.
Mira, señaló ella con rapidez, quiero que vengas a casa
conmigo. No me digas que no. Te echo de menos. Cansada.
Trabajo difícil. Siento haber venido aquí. Tenía que verte.
Isaac sintió pugnar la furia con el afecto. Es un peligroso
precedente, pensó. ¡Mierda!
—Espera —susurró—. Dame un minuto.
Corrió escaleras arriba.
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