Page 168 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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trozos de carne, rodajas de fruta y tiras de papel.
—Mirad —dijo Isaac—. He intentado darle de todo para
comer. Le he metido todas las hierbas y plantas que se me
han ocurrido, pero no las quiere. De modo que lo intenté con
pescado, fruta, galletas, pan, carne, papel, pegamento,
algodón, seda... No hace más que vagar sin rumbo, muerto
de hambre y mirándome con cara de pocos amigos. —Se
inclinó, plantando su cara entre la de sus dos colegas—. Es
evidente que quiere comer. Está perdiendo el color, lo cual
es preocupante, tanto desde el punto de vista estético como
desde el fisonómico. No sé qué hacer. Tengo la sensación de
que se va a quedar ahí hasta morir. —Isaac fingió un lamento
de tristeza.
— ¿De dónde lo has sacado? —preguntó David.
—Bueno, ya sabes cómo funcionan estas cosas. Lo
conseguí de un tío que conocía a un tipo al que se lo dio una
mujer que... a saber. No tengo ni idea.
— ¿Lo vas a abrir?
—Qué dices. Si vive lo bastante para construir un capullo,
lo que dudo bastante, me interesa saber qué es lo que sale de
ahí. Incluso podría donarlo al Museo de la Ciencia. Ya me
conocéis, entregado a la sociedad... En realidad, ese bicho no
es de mucha utilidad en mi investigación. No puedo
conseguir que coma, y mucho menos que se metamorfosee,
y mucho menos que vuele. Todo lo demás que veis aquí —
dijo extendiendo los brazos— son piezas de mi molino
antigravitatorio. Pero este pequeño cabroncete —añadió,
señalando al apático ciempiés— es obra social. —Sonrió.
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