Page 163 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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David echó un vistazo a su alrededor.
—Entonces, ¿dónde está el problema ornitológico? —
preguntó, frotándose las manos.
—En la mesa —indicó Isaac, señalando a la triste paloma
crucificada—. Cómo hacer que ese bicho deje de sacudirse.
Al principio no me importaba para ver la musculatura, pero
ahora quiero ser yo quien mueva las alas.
David lo miró con los ojos entrecerrados, pensativo.
—Mátala.
Isaac se encogió de hombros.
—Lo he intentado, pero no se muere.
—Venga, no me jodas —rió David exasperado,
acercándose a la mesa. Retorció el cuello del pájaro.
Isaac se encogió ostentosamente y levantó las grandes
manos.
—No son lo bastante sutiles para esta clase de trabajo. Mis
manos son demasiado torpes, mi sensibilidad demasiado
delicada —declaró.
—Vale —respondió David escéptico—. ¿En qué estás
trabajando?
Isaac se emocionó al instante.
—Bueno... —se acercó a la mesa—. Mi acercamiento a
los garuda de la ciudad ha sido un desastre. Oí rumores sobre
una pareja que vivía en el Montículo de San Jabber y en
Siriac, e hice saber que estaba dispuesto a pagar una pasta
por un par de horas con ellos y algunos heliotipos. Nada de
nada. También puse algunos carteles en la universidad
preguntando por algún estudiante garuda dispuesto a pasarse
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