Page 172 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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entró en el vagón. De forma natural y subrepticia, dobló su
ejemplar del Renegado Rampante y lo introdujo en el bolso.
Estaba sentada en el extremo delantero del tren, mirando
en el sentido contrario a la marcha, de modo que pudiera ver
a todos los presentes en su vagón sin que pareciera estar
espiándolos. Los dos jóvenes que acababan de entrar se
mecieron al dejar el tren el Empalme Sedim y se sentaron.
Vestían de forma sencilla pero adecuada, lo que los marcaba
como la mayoría de aquellos que viajaban a la Perrera.
Derkhan los reconoció como misioneros verulinos,
estudiantes de la universidad de Prado del Señor,
descendiendo píos y santimoniosos hacia las profundidades
de la Perrera para elevar las almas de los pobres. Se burló
mentalmente de ellos mientras sacaba un espejito.
Observando de nuevo para asegurarse de que nadie la
vigilara, examinó su rostro con ojo crítico. Se ajustó con
cuidado la peluca blanca y presionó la cicatriz de goma para
asegurarse de que estuviera fija. Se había vestido con sumo
cuidado. Ropas polvorientas y rasgadas, ninguna señal de
dinero para no atraer atenciones indeseables en la Perrera,
pero no tan cutre como para provocar el oprobio de los
viajeros en el Cuervo, donde había comenzado su viaje.
Llevaba el cuaderno sobre el regazo. Había usado parte del
tiempo para tomar unas notas preparatorias sobre el concurso
Shintacost. La primera fase tenía lugar a finales de mes, y
tenía en mente un artículo para el Faro sobre lo que pasaba
y lo que no en aquellas primeras eliminatorias. Pretendía que
fuera gracioso, pero con un fondo serio sobre la política del
jurado.
Comprobó el descorazonador comienzo y lanzó un
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