Page 200 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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y allá surgían latas oxidadas y nódulos de tejido orgánico,
como tumores o fetos abortados. El líquido ondulaba espeso,
contenido por una tensión superficial tan oleosa y fuerte que
no era posible romperla. Las piedras arrojadas desde el
puente eran engullidas sin la menor salpicadura.
Aun con una mano tapando la boca y la nariz para
combatir la peste, Isaac no pudo contenerse. A mitad de
camino por la plancha, lanzó un ladrido de repulsión que se
convirtió en arcadas. Consiguió no vomitar. Trastabillar en
aquel puente, perder el equilibrio y caer, era una idea
demasiado vil para considerarla.
El sabor desarticulado del aire hacía que Lin se sintiera
casi tan enferma como Isaac. Para cuando llegaron al otro
lado de las planchas de madera, el buen humor de los dos se
había evaporado. Se dirigieron en silencio hacia el laberinto.
A Lin no le costó orientarse con edificios tan bajos, pues
el cadáver de los bloques que buscaban se veía claramente
sobre la estación. A veces marchaba delante de Isaac, a veces
detrás. Se movían entre las zanjas de alcantarillado que
corrían entre las casas, pero no les afectó. Ya estaban más
allá del asco.
Los moradores de Salpicaduras salieron para mirarlos.
Eran hombres y mujeres de ceño adusto y cientos de niños,
todos vestidos con grotescas combinaciones de prendas
recicladas y tela de saco cosida. Pequeñas manos y dedos
tocaban a Lin a su paso. Ella se las quitaba a manotazos
mientras se situaba delante de Isaac. Las voces a su alrededor
comenzaban a murmurar, antes de que comenzara el clamor
por el dinero. Nadie hizo intento alguno por detenerlos.
Isaac y Lin recorrieron estoicos las calles retorcidas,
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