Page 203 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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El guía levanto la mano e Isaac lo miró un instante, antes

            de buscar un shekel en el bolsillo. El hombre lo miró y se lo

            guardó en el bolsillo. Después se giró y se retiró un poco de

            las paredes del edificio. Se llevó los dedos a la boca y silbó.

                — ¡Ey! —gritó—. ¡Pajarracos! ¡Un tipo que hablar!

                La  multitud  que  aún  rodeaba  a  Isaac  y  a  Lin  se  unió

            entusiasmada al grito. El estridente vozarrón anunciaba a los

            garuda que tenían visita. Un contingente de formas voladoras

            se congregó sobre los habitantes de Salpicaduras. Entonces,

            con un invisible ajuste de las alas, tres de ellos se precipitaron

            de forma espectacular hacia el suelo.

                Se produjo un grito sofocado y un silbido apreciativo.


                Los  tres  garuda  caían  como  pesos  muertos  hacia  la

            congregación, pero a seis metros del suelo giraron las alas

            extendidas y cortaron la caída. Batieron el aire con fuerza
            levantando grandes ráfagas de viento y polvo sobre las caras

            y los ojos de los humanos, mientras flotaban arriba y abajo,

            manteniéndose siempre lejos de su alcance.


                — ¿Qué gritáis? —chilló el garuda de la izquierda.

                —Es fascinante —susurró Isaac a Lin—. Su voz es la de

            un  pájaro,  pero  mucho  más  fácil  de  entender  que  la  de

            Yagharek...  El  ragamol  debe  de  ser  su  lengua  nativa.  Es

            probable que nunca haya hablado otra cosa.

                Lin e Isaac contemplaron a las magníficas criaturas. Los

            garuda estaban desnudos hasta la cadera y cubrían las piernas

            con  pantalones  pardos.  Uno  de  ellos  tenía  plumas  y  piel

            negras; los otros dos eran de un ocre oscuro. Lin contempló

            aquellas  enormes  alas,  que  se  extendían  y  batían  con  una

            envergadura de al menos seis metros y medio.




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