Page 205 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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prosiguió el ascenso.
La escalera era gris y carecía de iluminación, salvo por la
luz que se filtraba por las esquinas o las grietas. Solo ahora,
cuando llegaron a la séptima planta, los escalones
comenzaron a mostrar signos de haber sido usados alguna
vez. Los restos empezaban a amontonarse a sus pies, y los
escalones estaban cubiertos de un polvo fino. En cada planta
había dos puertas, y a través de la madera astillada podían
distinguirse los sonidos secos de las conversaciones garuda.
Isaac adoptó un paso lento y desdichado. Lin lo seguía,
ignorando las advertencias de infartos inminentes. Tras
largos y dolorosos minutos, alcanzaron la planta superior.
Sobre ellos estaba la puerta que daba al tejado. Isaac se
apoyó en la jamba y se limpió la cara. Estaba empapado de
sudor.
—Dame un minuto, cariño —musitó, consiguiendo
incluso esbozar una sonrisa—. ¡Dioses! Por la ciencia, ¿no?
Prepara la cámara... Muy bien. Ahí vamos.
Se incorporó y frenó la respiración, subiendo poco a poco
el último tramo de escaleras. Abrió y salió a la luz lisa del
tejado. Lin lo siguió, cámara en mano.
Los ojos de khepri no necesitaban tiempo para
acostumbrarse a los cambios de luz. Lin salió a un áspero
suelo de hormigón lleno de basura y trozos rotos de cemento.
Isaac trataba desesperado de escudarse los ojos,
parpadeando. Miró a su alrededor.
Un poco al noreste se alzaba la Colina Vaudois, una
sinuosa cuña de tierra que se elevaba como si intentara
bloquear la vista del centro de la ciudad. La Espiga, la
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