Page 208 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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asintieron y cacarearon en asentimiento.
— ¿Y por qué cono iba a querer mataros...?
—Váyase a la mierda, señor. Nadie aquí quiere ayudarle.
Se produjeron algunos murmullos incómodos. Estaba
claro que algunos de los presentes ya estaban preparados
para apuntarse, pero ninguno de ellos se enfrentó al portavoz,
un alto garuda con una larga cicatriz que unía sus tetillas.
Lin observó a Isaac, que estaba boquiabierto. Trataba de
darle la vuelta a la situación. Vio su mano dirigirse al bolsillo
y retirarse. Si enseñaba dinero allí mismo, parecería un
avivado o un listillo.
—Escuchad —titubeó—. Os seguro que no esperaba tener
ningún problema con esto...
—No, bueno, veamos, eso puede ser cierto o no, caballero.
Podría ser de la milicia. —Isaac soltó un bufido burlón, pero
el garuda siguió con su tono irónico—. Puede que los
escuadrones de la muerte hayan encontrado un modo de
acabar con los pajarracos. «Solo para unas
investigaciones...». Pues mira, a ninguno nos interesa.
—Escucha —dijo Isaac—. Comprendo que os preocupen
mis motivaciones. No me conocéis de nada y...
—Ninguno de nosotros se va contigo. Punto.
—Por favor, os pagaré bien. Estoy dispuesto a pagar un
shekel al día a cualquiera dispuesto a acompañarme a mi
laboratorio.
El gran garuda dio un paso al frente y propinó varios
golpes a Isaac en el pecho con el dedo.
— ¿Quieres que vayamos a tu laboratorio a que nos abras
en canal, para que veas lo que nos pone en marcha? —los
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