Page 250 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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aquellos  sueños.  Algunos  sin  duda  eran  tierras  oníricas

            nacidas tras párpados trémulos. Otros parecían referencias:

            conductos del sueño hacia lugares sólidos, ciudades, pueblos

            y aldeas tan reales como Nueva Crobuzon, con arquitecturas
            y germanías que Isaac ni había visto ni había oído.


                Comprendió  que  el  mar  de  sueños  en  el  que  bregaba

            contenía gotas de muy, muy lejos.

                Es menos un mar, pensó emborrachado desde el fondo de

            su  mente  liberada,  y más un consomé.  Se  imaginó

            masticando estólido el cartílago y los menudillos de mentes

            alienígenas, pedazos de rancio sustento onírico flotando en

            un delgado coágulo de medio recuerdos. Sintió una arcada

            mental. Si vomito aquí se me volverá la cabeza del revés,

            pensó.

                Los recuerdos y sueños llegaban en oleadas, transportadas

            por mareas temáticas. Aun a la deriva en aquella colada de

            pensamientos aleatorios, Isaac era transportado por las vistas

            dentro de su cabeza en corrientes reconocibles. Sucumbió a
            la  tentación  de  los  sueños  monetarios,  una  rama  de

            recolección  de  estíveres  y  dólares  y  cabezas  de  ganado  y

            conchas pintadas y promesas en tabletas.


                Se  deslizó  en  una  oleada  de  sueños  sexuales:  varones

            cactos eyaculando hacia el suelo, sobre las hileras de bulbos

            sembrados por las mujeres; khepri restregándose aceite las
            unas  a  las  otras  en  amistosas  orgías;  célibes  sacerdotes

            humanos soñando con sus deseos culpables, ilícitos.


                Isaac  descendió  en  espiral  en  un  pequeño  remolino  de

            sueños de ansiedad. Una joven humana a punto de comenzar
            sus exámenes; se descubrió entrando desnuda en la escuela.

            Un  acuartesano  vodyanoi  cuyo  corazón  se  desbocaba  al



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