Page 253 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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— ¿Qué cono fue eso? —susurró mientras escribía—.
Algún tarado haciendo un estupendo trabajo de reproducción
de la bioquímica de los sueños, o accediendo a su fuente...
—se masajeó otra vez la cabeza—. Dios, ¿qué clase de
engendro se come eso...? —Se incorporó un momento y
observó al ciempiés cautivo.
Estaba totalmente quieto. Isaac abrió la boca en un gesto
idiota, antes de lograr dar voz a las palabras.
—Oh-dioses-míos. Oh-mierda.
Cruzó despacio y nervioso la estancia, sin ganas de seguir,
temeroso de ver lo que estaba viendo. Se acercó a la jaula.
Dentro, una colosal masa de carne de gusano de hermosos
colores se agitaba descontenta. Isaac se incorporó incómodo
sobre aquel ser enorme. Podía sentir las extrañas y débiles
vibraciones de molestia alienígena en el éter a su alrededor.
El ciempiés al menos había triplicado su tamaño de la
noche a la mañana. Ahora medía unos treinta centímetros, y
su grosor era el proporcional. La apagada magnificencia de
sus patrones cromáticos había regresado a su inicial barniz...
con intereses. El vello de aspecto pegajoso de la cola se había
transformado en gruesas cerdas. No disponía de más de
quince centímetros de espacio a su alrededor, y se apretaba
débilmente contra los límites de su nido.
— ¿Qué te ha pasado? —siseó Isaac.
Se retiró y observó a la criatura, que agitaba la cabeza
ciega. Pensó rápidamente en el número de trozos de mierda
que le había dado al gusano. Miró a su alrededor y vio el
envoltorio que contenía el resto de la droga, allá donde lo
había dejado. El bicho no había salido y se lo había comido.
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