Page 273 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 273

18

                Los vientos primaverales eran cada vez más cálidos. El

            aire  sucio  sobre  Nueva  Crobuzon  estaba  cargado.  Los

            meteoromantes de la ciudad en la torre nube de la Cuña del

            Alquitrán  copiaban  las  cifras  de  los  diales  giratorios  y

            arrancaban gráficas de frenéticos indicadores atmosféricos.

            Apretaban los labios y sacudían la cabeza.

                Hablaban              entre        murmullos               sobre         el       verano

            prodigiosamente  cálido  y  húmedo  que  se  avecinaba.

            Golpeaban las enormes tuberías del motor aeromórfico que

            se  alzaba  por  toda  la  altura  de  la  torre  hueca  como  un

            gigantesco órgano, como los cañones de un arma que exige

            un duelo entre la tierra y el cielo.

                —Maldito  trasto  inútil  de  mierda  —musitaban

            disgustados. Se habían hecho intentos no demasiado en serio

            por arrancar las máquinas en los sótanos, pero no se movían

            desde  hacía  ciento  cincuenta  años,  y  no  había  nadie  vivo

            capaz  de  arreglarlas.  Nueva  Crobuzon  se  veía  obligada  a
            soportar el clima dictado por los dioses de la naturaleza o el

            azar.


                En  el  zoológico  de  Cuña  del  Cancro,  los  animales  se

            movían inquietos ante el cambio del tiempo. Eran los últimos

            días  del  celo,  y  el  incansable  nerviosismo  de  los  cuerpos

            lujuriosos había remitido un tanto. Los cuidadores estaban
            aliviados por el cambio. La seductora invasión de diversos

            almizcles  en  las  jaulas  había  provocado  comportamientos

            agresivos e imprevisibles.


                Ahora, a medida que las horas de luz duraban cada vez
            más,  los  osos,  las  hienas,  los  fuertes  hipopótamos,  los

            solitarios alopes y los simios aguardaban quietos, en aparente



                                                           272
   268   269   270   271   272   273   274   275   276   277   278