Page 333 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sin ataduras de nadie. La peregrinación que había realizado
por todo el continente no terminaría rindiendo agradecido su
responsabilidad, su autocontrol. Yagharek era un extraño
desraizado en Nueva Crobuzon. No dependía de otros ni le
estaba agradecido a nadie.
Isaac se lo imaginó moviéndose de un lugar a otro,
durmiendo sobre el suelo desnudo de edificios desiertos, o
enroscado en un tejado, acunado por el calor de las
chimeneas de ventilación.
Podían faltar horas hasta su próxima visita, o semanas.
Solo pasó medio día antes de que Isaac decidiera probar la
creación en su ausencia.
En la campana en la que convergían los alambres, tuberías
y cables, Isaac había situado un trozo de queso. La comida
estaba allí, secándose lentamente, mientras él pulsaba las
teclas de su calculador. Estaba intentando modelar
matemáticamente las fuerzas y vectores involucrados. Se
detenía con frecuencia para tomar notas.
Bajo él oyó el hocicar de la tejona, Sinceridad, y la risa de
respuesta de Lublamai, el zumbido del deambular del
constructo de limpieza. Era capaz de ignorarlos todos,
aislarlos, concentrarse en los números.
Se sentía algo incómodo, pues no deseaba seguir con su
trabajo con Lublamai en el almacén. Aún funcionaba su
inusual política de silencio. Quizá solo sea que estoy
desarrollando un gusto por lo teatral pensó con una sonrisa.
Cuando hubo resuelto las ecuaciones del mejor modo que era
capaz, hizo un poco de tiempo, esperando a que Lublamai se
marchara. Echó un vistazo por la barandilla y lo vio trazando
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