Page 331 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 331
Tras el lento y caótico colapso de la forma, se produjo un
breve momento en que la cosa del capullo quedó dispuesta
en un estado apenas experimentable. Y entonces, como
respuesta a impensables mareas de carne, comenzó a
construirse de nuevo. Cada vez más rápido.
Isaac pasaba muchas horas contemplando la crisálida.
Pero no podía imaginar el conflicto interior de autopoiesis.
Lo que veía era algo sólido, una extraña fruta colgando de un
hilo insustancial en la mustia oscuridad de un gran nido. Le
perturbaba el capullo, imaginando toda suerte de gigantescas
polillas o mariposas emergiendo de él. La cáscara no
cambiaba. Una vez o dos la tanteó con cuidado, o la mecía
con cuidado o con fuerza unos segundos. Eso era todo.
Observaba y se preguntaba por aquel ser mientras no
trabajaba en su máquina, que era lo que se llevaba la mayor
parte de su tiempo.
Pilas de cobre y vidrio comenzaron a asumir forma sobre
la mesa y el suelo. Pasaba días soldando y martillando,
adosando pistones de vapor y motores taumatúrgicos al
pujante artefacto. Pasaba las noches en bares, discutiendo
con Gedrecsechet, el bibliotecario Palgolak, con David y
Lublamai, o con antiguos colegas de la universidad. Hablaba
con cuidado, sin desvelar demasiado, pero con pasión y
fascinación, dándose a discusiones sobre matemáticas,
energía, crisis e ingeniería.
No se alejó de Brock. Había advertido a sus amigos en los
Campos Salacus que desaparecería durante un tiempo,
aunque aquellas relaciones eran fluidas, relajadas,
superficiales. La única persona a la que echaba de menos era
Lin. El trabajo de ella la mantenía al menos tan ocupada
330

