Page 335 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Isaac observó y quiso gritar su triunfo. Giró un dial ciento
ochenta grados y el trozo se movió un poco más.
Provoquemos una crisis, pensó Isaac, tirando de la palanca
que completaba el circuito y que llevaba la campana de
vidrio bajo la atención de las máquinas sensoriales.
Isaac había adaptado la campana, cortando la parte
superior y cambiándola por un émbolo. Se acercó a este y
comenzó a apretarlo, de modo que el fondo abrasivo se
moviera lentamente hacia el queso, que se encontraba
amenazado. Si el émbolo completaba su movimiento, el
queso quedaría completamente aplastado.
Mientras apretaba con la mano derecha, con la izquierda
ajustaba los potenciómetros y diales en respuesta a los
indicadores de presión. Observó las agujas brincar arriba y
abajo, ajustándose como respuesta a la corriente
taumatúrgica.
—Vamos, cabrón hijo de puta —susurró—. ¿Lo ves? ¿Eh?
¿Puedes sentirlo? Aquí viene la crisis...
El extremo del émbolo se acercaba sádico hacia el queso.
La presión de las tuberías aumentaba de forma peligrosa, e
Isaac siseó frustrado. Frenó el ritmo con el que amenazaba al
alimento, desplazando inexorable el émbolo hacia abajo. Si
la máquina de crisis fracasaba y el queso no mostraba los
efectos que había intentado programar, Isaac lo aplastaría de
todos modos. La crisis estaba relacionada con la
potencialidad. Si no tenía la intención genuina de aplastar su
objetivo, no estaría en crisis. No era posible engañar a un
campo ontológico.
Y entonces, cuando el gemido del vapor y los pistones se
hizo incómodo, cuando los bordes de la sombra del émbolo
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